San José, a menudo llamado el «Santo Silencioso», fue un hombre de profunda fe, humildad y serena fortaleza. Aunque la Biblia no recoge ninguna palabra suya, sus acciones lo dicen todo. En el vertiginoso mundo actual, en el que a menudo se da prioridad al reconocimiento y la autopromoción, la vida de José nos recuerda el poder de la dedicación silenciosa, la confianza en Dios y el servicio inquebrantable. Sus virtudes no son anticuadas, sino que ofrecen una sabiduría intemporal para la sociedad contemporánea.
El Papa Francisco destaca la fuerza silenciosa de José y el valor de la contemplación. En un mundo lleno de ruido y distracciones, el Papa anima a las personas a encontrar momentos de silencio para la reflexión y la conexión con Dios. La capacidad de San José para escuchar atentamente la guía de Dios nos sirve de modelo. También nosotros debemos cultivar nuestra capacidad de escuchar -no sólo a Dios, sino también a los demás-, fomentando mejores relaciones y vínculos comunitarios más fuertes.
Uno de los ejemplos más profundos de alguien que vivió según el espíritu de San José en tiempos modernos es Pedro Bienvenido Noailles, fundador de la Sagrada Familia de Burdeos. Al igual que José, dedicó su vida a servir a Dios y a los demás, abrazando la humildad, la sencillez y la confianza inquebrantable en la providencia divina. Aunque San José vivió hace más de 2.000 años, sus virtudes siguen siendo cruciales en el mundo de hoy, donde la gente se enfrenta a la incertidumbre, las dificultades económicas y los retos de la vida familiar. Su ejemplo resuena profundamente en los padres, trabajadores y líderes espirituales modernos.
A San José se le confió el cuidado de Jesús y María, protegiéndoles y proveyéndoles a pesar de muchas dificultades. Hoy en día, las familias luchan por equilibrar sus responsabilidades en medio del estrés financiero y las complejidades de la vida moderna. El ejemplo de José nos recuerda que la verdadera paternidad no consiste en la autoridad, sino en el amor desinteresado, la protección y la guía. Nos enseña que todo trabajo, cuando se hace con amor y dedicación, es honorable. Como patrono de los trabajadores, nos recuerda que incluso los esfuerzos más pequeños pueden ser un camino hacia la santidad. Siempre se entregó a la voluntad de Dios, incluso cuando el futuro era incierto.
Hoy, seguimos los pasos de San José. Nuestro trabajo en la educación, la asistencia social y la atención pastoral refleja su espíritu de serena dedicación y servicio. La vida de San José nos recuerda que la santidad no se encuentra en la fama ni en el poder, sino en la fidelidad, la humildad y el servicio amoroso. El P. Noailles siguió este mismo camino, demostrando que, incluso en un mundo que valora el reconocimiento, el mejor trabajo se hace a menudo en silencio. A medida que el mundo avanza, el ejemplo de San José sigue siendo una luz que guía a quienes buscan vivir vidas con propósito, fe y amor desinteresado.
Hna. Rathini Keethapongalan
Unidad de Jaffna, Sri Lanka