SEMANA DE “CONVERSIÓN ECOLÓGICA”

Quiero compartir con vosotras lo vivido en la “SEMANA DE CONVERSIÓN ECOLÓGICA” que organiza José Eizaguirre y que, al final del encuentro, todas nos comprometimos a dar a conocer en nuestras comunidades y amistades.

El Área de Justicia y Solidaridad de CONFER la motiva y difunde para que en las comunidades podamos vivir esta experiencia que ayuda a concretar acciones en la vida diaria y como expresión de nuestra conversión ecológica a la que alude el papa Francisco en la “Laudato, sí”.

Participamos miembros de 7 familias religiosas y tres laicos. Desde el primer día pusimos en práctica el CUIDADO en todo, la utilización del agua, la energía, los productos de limpieza que elaboramos nosotros mismos, la alimentación, la oración, nuestras relacio-nes… Entre todas y todos hacíamos la comida, vege-tariana y sabrosa, y el mantenimiento de la casa que tienen los jesuitas en la periferia de Valladolid -del estilo de la nuestra de Collado- y que está rodeada de 240 huertas ecológicas que cultivan las y los jubi-lados de la ciudad.

Dos pilares sostienen esta experiencia. Todo cambio se hace desde dentro de cada una, no desde el saber cosas, sino desde el amor a la Vida, desde la expe-riencia interior de sentirnos afectadas por el abismo de la desigualdad y el gran deterioro del Pla-neta y de la Humanidad en él. Y al mismo tiempo, desde la conciencia de que cada una somos un eslabón de la Vida porque todas y todo está conectado, estamos interrelacionadas.

A la primera hora del día todo el grupo, -15 personas- nos instalábamos en un prado, acariciadas por el sol en las frescas mañanas de Castilla, y vivíamos una hora de oración integral, con el cuerpo y la interioridad.

Sin prisa pero sin pausa fuimos analizando nuestro consumo desde la raíz, era como un tirar del hilo: desde dónde se genera un producto y su recorrido hasta que llega a nuestras manos. Lo concretamos descubriendo qué pasa con una camiseta de algodón, un champú, una salchicha de Frankfurt y un teléfono móvil.

No eran charlas sino un trabajo participativo en grupos con una metodología muy dinámica que ponía al descubierto cuánta injusticia y violencia se da en los productos más corrientes que usa-mos, tanto en la Naturaleza, en los animales, como en las personas productoras. Quedaba paten te cómo muchos países permanecen empobrecidos para sostener el nivel de vida de otros, entre ellos el nuestro. Todos nuestros actos repercuten en la Naturaleza y en la Familia Humana en sentido positivo o negativo.

También vimos en “Laudato, sí” cómo el Papa no da recetas pero sí va desgranando líneas de orientación y acción para nuestra conversión ecológica. Habla de vida sana, de solidaridad, espiri-tualidad, consumo, alimentación, transporte, información, economía, política, participación ciuda-dana.., no se deja nada.

Analizamos cómo en general y concretamente en la vida religiosa tenemos resistencias a estos cambios. Me daba cuenta cómo nosotras tenemos en nuestros documentos y en las cartas de Ana María una moti-vación honda en este mismo sentido de ir cambiando y viviendo de otro modo. Aunque no todas podían decir lo mismo, vivimos una experiencia muy rica de diversidad entre nuestras familias religiosas y, al mismo tiempo, de unificación de todos los carismas. Los laicos manifestaron que ignoraban que hubiese una vida religiosa tan rica y actualizada.

Con una mañana de oración y ayuno empezamos la segunda parte de la semana en la que pudi-mos escuchar experiencias de distintas personas pertenecientes a organizaciones que están ya respondiendo a estos desafíos de nuestro Hoy. Desde el abad del monasterio de Poblet, hablan-do del agua y la energía, hasta mujeres –algunas eran abuelas- y hombres comprometidos en la banca ética, en el mundo rural que se renueva, en la ecología, la justicia social, en los barrios po-pulares, en la comida saludable y la soberanía alimentaria… Diferentes y complementarios modos de CUIDAR la VIDA y poder dejar a las generaciones futuras un Planeta habitable en el que todas las personas podamos vivir con dignidad y felicidad.

Ana Cortés. Comunidad de Florida de Liébana